Transferencia: las especificidades del acto analítico en los tiempos de la infancia

 

 

Por Lic. Andrea Cassanelli. Psicologa Psicoanalista. 

La transferencia es un concepto fundamental a la clínica psicoanalítica, por eso me propongo reflexionar acerca de los avatares transferenciales en el campo de la clínica con niños y niñas.

Siguiendo a Freud, la transferencia implicaría insertar al analista en uno de los clisés, de las series psíquicas del paciente. El sujeto existe en relación a Otro y ese Otro se hace
presente a través de la transferencia, en el lugar que ocupa el analista en el dispositivo.

Podría pensarse que una especificidad relativa a la clínica con niños y niñas es que aún no hay una forma estabilizada de relación al Otro.

Otra de las especificidades de la clínica con niños y niñas es que las personas que encarnan este Otro muchas veces interactúan con el analista, es decir, éste interviene con el paciente y también con los padres, familiares, escuela, juzgado, etc. La presencia de este discurso y el relato de los padres tiene incidencias en las posibilidades y modalidades de intervención. El trabajo con padres es parte del tratamiento del niño o niña, habrá que ver en qué medida es posible en cada caso.

Freud (1920) advirtió acerca de las dificultades que pueden aparecer en el abordaje psicoanalítico de aquellos pacientes que vienen enviados o traídos por otros, tal como sería el caso de los niños y niñas.

Dice Freud: “Los padres nos demandan que se cure a su hijo, que es neurótico e indócil.

Por hijo sano entienden ellos uno que no ocasione dificultades a sus padres y no les provoque sino contento.” Y más adelante señala: “… no es indiferente que un individuo
llegue al análisis por anhelo propio o lo haga porque otros lo llevaron; que él mismo desee cambiar o solo quieran ese cambio sus allegados…” 1

En Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, Freud dice en relación a la clínica con niños, que la transferencia es diferente porque los progenitores reales se erigen en portadores de la resistencia, por eso aconseja “aunar al análisis del niño un influjo analítico sobre los progenitores.” 2

Lacan define la transferencia como sujeto supuesto saber, es decir, se supone un saber al analista sobre su sufrimiento. El analista presta su persona para encarnar este lugar, pero no debe identificarse con esta posición, sino ubicarse en un lugar de ignorancia, lo cual implica conocer sus límites, ser prudente y precavido contra la posición de saber absoluto.

En el caso del análisis de un niño o niña, la apertura del juego transferencial proviene de los padres, quienes hacen su pedido al analista ya que le suponen un saber sobre lo que
afecta al niño. Así, los padres por su transferencia con el analista, habilitan al hijo para que algo pueda empezar a ser investigado.

Por su parte la analista argentina Alba Flesler plantea ubicar las variables con las que la transferencia se hace presente en el análisis de niños. En ese sentido, señala que en algunas ocasiones los padres buscan saber, por eso preguntan por el síntoma del niño.

Con esas preguntas abren la vertiente simbólica de la transferencia, la más apta para nuestras intervenciones. Me encuentro trabajando con un paciente cuyos padres, recién
separados, se preguntaban si esto podría afectar a su hijo. Por eso se acercaron a la consulta solicitándome una evaluación y eventual acompañamiento en esta etapa. Ellos
me suponen un saber al respecto y eso habilitó el trabajo con el niño y su familia.

Otras veces, los padres llegan para alcanzar un alivio, esperando que el analista les devuelva al niño dócil que ellos anhelan. En este caso, la vertiente de la transferencia es imaginaria. Hace un tiempo comencé a atender a un niño cuya mamá se acerca angustiada al consultorio porque su hijo no responde a lo esperado en la escuela. Esta madre quería que yo “arregle” a su hijo para que no le de ningún problema. Emprendí una etapa de implicación subjetiva de la mamá que derivó en un trabajo con el niño y su familia que aún continua.

Los casos más difíciles, dice Flesler, son aquellos en los cuales los padres vienen porque los “mandan”. El problema emerge en otro ámbito, no en la familia. Los padres vienen al consultorio para cumplir con un requerimiento (de la escuela, del pediatra, de la justicia). En este caso será la vertiente real de la transferencia la que predomine en la escena del análisis. Estoy trabajando con un niño cuya madre me dice que la escuela le sugiere tratamiento psicológico para su hijo, quien se muestra disperso y movedizo en el aula, con ciertas dificultades en el aprendizaje. Durante unos meses he trabajado con los padres para que ellos puedan implicarse en el tratamiento del hijo, corriendo de la escena a la escuela y evitando responder a su demanda. La dificultad en este tratamiento está en la ausencia de demanda parental, una madre que me supone saber pero no puede implicarse y un padre que prefiere que el niño vaya a particular y así responder a la demanda de la maestra y no a terapia. Aunque continúo con este tratamiento, es dificultoso y los avances son escasos.

En la clínica con niños y niñas el analista toma, en cierta medida, el lugar de los padres en tanto se ubica en el lugar del Otro vía la transferencia. Sin embargo, a veces, atendemos a niños y niñas de los que desconocemos su historia, casos en los cuales no es posible tener entrevistas con los padres. Si bien es dificultoso el lazo transferencial en
estos casos, si se logra es porque hay una distancia entre los padres y el Otro como función necesaria para la constitución del sujeto. El marasmo descripto por Spitz, da cuenta de la necesidad del Otro para constitución del sujeto, pero también de que ese Otro no coincide necesariamente con el padre o la madre, sino que se trata de una función que opera más allá de los padres.

Actualmente me encuentro trabajando en dos casos de estas características. Por un lado, una adolescente con discapacidad y una historia de abandonos a repetición que la han marcado profundamente. Ella no ha convivido prácticamente con sus padres debido a diferentes motivos. El otro caso es el de un niño que ha sido separado de sus padres debido a la intervención judicial, pero que ha pasado la mayor parte de su vida con uno de sus progenitores y, actualmente, está contenido en un hogar, lo cual considero que ha favorecido el establecimiento de la transferencia, ya que este niño presenta más recursos psíquicos. Ella, con una estructura más de borde, presenta mayores dificultades para el armado transferencial.

 

1. Freud, S. “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina” (1920), en Obras Completas, t. XVIII, Buenos Aires, Amorrortu, 1985.

 

 

 

 

 

2. Freud, S. “Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis” (1933), en Obras Completas, t. XXII,

Buenos Aires, Amorrortu, 1986.

Por Lic. Andrea Cassanelli.

Por Lic. Andrea Cassanelli.

Psicologa.

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