Por: Lic. María Soledad Alva.

Paradigmas sobre el Retraso Mental

Parte I

Dice Tallis, J.:

“El retraso mental no se refiere a una entidad patológica determinada, es una categoría diagnostica, que contiene criterios de inclusión y exclusión, una vez ubicados los pacientes en esta categoría, difieren notablemente en las causas de su alteración y en sus modos de funcionamiento[1]

Historia y conceptualizaciones

Los  recorrido historiográfico y los  contenido de cada uno de los paradigmas  vigentes respecto del entendimiento de las Discapacidades y las deficiencias son conceptualizaciones aplicables al tratamiento de las personas con Deficiencias/ Discapacidades Intelectuales. Hecha esta aclaración dedicaremos de todas formas una reflexión especifica  a las  Deficiencias/ Discapacidades Intelectuales  

Hipócrates (460  a. c –  370  a. C.)

Muchos autores se refieren a él como el «padre de la medicina»,​ en reconocimiento a sus importantes y duraderas contribuciones a esta ciencia  y a la escuela que lleva su nombre que revoluciono la medicina de su época, estableciéndola como una disciplina separada de otros campos con los cuales se la había asociado tradicionalmente, principalmente la teúrgia (magia mediante la cual en la Antigüedad se pretendía entrar en comunicación con los dioses y ejercer influencia sobre ellos)  y la filosofía,  convirtiendo el ejercicio de la medicina  en una auténtica profesión.

​Para Hipócrates la salud dependía  del equilibrio de los cuatro elementos fundamentales (Teoría de los Humores), la  sangre  (corazón), la flema (hígado), la bilis amarilla (bazo) y la bilis negra (cerebro) explicando la etiología de la enfermedad mental y el retraso mental por un estancamiento de la bilis negra en el cerebro. Sosteniendo que el cerebro era la sede de las  enfermedades mentales, de la inteligencia y de la comprensión. Para Hipócrates el alite (Pneuma) entendido como espíritu era la fuente de la inteligencia y de los sentimientos. La medicina Hipocrática desconocía muchos aspectos de la anatomía y la fisiología humanas, a causa del tabú griego que prohibía la disección de cadáveres. La enfermedad implicaba el desequilibrio en los elementos fundamentales, la terapia hipocrática se concentraba en restaurar este equilibrio. Los métodos hipocráticos llamados pasivos,  comprendían y apelaban al cuidado del paciente y al pronóstico. Creían en los poderes curativos de la naturaleza (proceso natural de curación, poder intrínseco de sanar), el cuidado del paciente mediante tratamientos naturales como los masajes, los baños, los ejercicios, las dietas alimentarias y los  preparados medicinales que orientaban a facilitar este proceso de curación.

Dice Scheerenberger,R.C:

“La incapacidad de Hipócrates para explicar el retraso mental no significaba que estuviese inadvertido del fenómeno; de hecho, describió tanto la microcefalia como la craneostenosis. Durante los siglos venideros, sin embargo, los médicos habían de ocuparse principalmente de las afecciones y lo dolores físicos. Se consideraba que el hombre poseía una doble naturaleza: el cuerpo, y la mente o alma. Mientras el cuerpo pertenecía al reino de la práctica médica, el alma o la mente…. Era competencia de los filósofos”.[2]

Claudio Galeno (138 – 201)

Medico griego romanizado que perpetuo la medicina hipocrática desarrollándola en varias direcciones, medicina, cirugía, neurología, investigación médica, etc. Aunque perpetuo las ideas hipocráticas  su enfoque de la medicina partía de una perspectiva anatómica.

Fue considerado uno de los más completos investigadores médicos de la Edad Antigua, sus puntos de vista dominaron la medicina europea a lo largo de más de mil años en campos como la anatomía,​ la fisiología, la patología, la farmacología, y la neurología, así como la filosofía​ y la lógica..

En la Edad Media, los escritos de anatomía de Galeno se convirtieron en el pilar de los estudios universitarios de los médicos medievales.  Algunas de las ideas de Galeno eran incorrectas, pues nunca diseccionó un cuerpo humano debido a los tabúes sobre esta práctica en la sociedad grecorromana. Galeno se sirvió de cerdos para realizar sus exhaustivas investigaciones neuroanatomías.

Fue considerado el padre de la neurología experimental  y llego a la conclusión de que el cerebro era la sede de muchas funciones intelectuales, y funciona en virtud del grado de sequedad o morbidez del sistema nervioso más que del pneuma o espíritu. En lo referente a lo inteligencia  Galeno afirmaba que no solo es importante la cantidad de la sustancia cerebral sino también su calidad. Teniendo efectos  la “calidad” de la sustancia cerebral en el desarrollo de esta función.

Una mirada más  perspicaz, aunque limitada del retraso mental se fue gestando durante el  periodo comprendido entre  la Antigüedad y la Ilustración. Durante siglos las creencias religiosas demoraron las investigaciones y avances científicos al restringirse la investigación en cadáveres humanos.

Las tradiciones de Hipócrates y Galeno persistieron en cambio impulsadas sobre todos por los médicos Árabes.

Avicena (890 -1037)

El medico más destacado de la alta Edad Media. Conocido también como el príncipe de la Medicina. El destacaba tres facultades: Facultad Física responsable de la nutrición y el crecimiento y se localizaba en el hígado, la Facultad Nerviosa que permite las sensaciones y el movimiento y tiene su sede en el cerebro, y la Facultad Vital imprescindible para la vida y la actividad de todos los órganos  y tejidos. Subyace a estas tres facultades la fuerza vital, energía vital de todo el sistema.  Las variaciones en esa fuerza vital en relación a la facultad nervios determinaría el grado de funcionamiento intelectual. 

Avicena reconocia el retraso mental, siguiendo a Hipócrates y Galeno, no se ocupó de el en términos terapéuticos. Ignoro los problemas médicos que se consideraban intratables.

 

Maimónides (1135 – 1204)

Uno de los grandes médicos árabes que prestó especial atención a la teoría de los humores  y lo vínculo al retraso mental, consideraba por ejemplo que el hombre flemático tenía una cerebro húmedo que le generaba dificultades en sus facultades intelectuales. Apoya sin embargo la instrucción pedagógica de los sujetos con dificultades intelectuales. 

Felix Platter ( 1536 – 1614)

Se intereso por la alienación mental englobando en este término tanto las enfermedades mentales como las problemáticas intelectuales. Este concepto de alienación mental habría de perdurar hasta principios del siglo XX, denominándose alienistas  a los médicos y otros profesionales interesados en la práctica de la psiquiatría. Fue el primero en brindar una descripción del retraso mental y sus niveles.

A lo largo de del siglo XV hubo otros médicos aparte de Felix Platter, como Paracelso,  y Ambroise Pare que identificaron correctamente el retraso mental  pero que consideraban intratable  esta problemática por una serie de razones desde físicas hasta astrológicas.

De mediar la existencia de algún tipo de práctica esta se encontraba atravesada por ideas más mágico religiosas que científicas, que llevaban a tratamientos del retraso mental como por ejemplo:

 “Para la idiotez o la locura, verted en la cerveza cassia, altramuces, hierba de obispo, esmirnio, raíz de eleboro, dulcamara y agua bendita, dadlo a beber “.[3]

Los siglos XVII y XVIII son un puente para el reconocimiento del Retraso Mental como entidad de derecho propio. Durante estos siglos hubo importantes avances en la medicina que habían de influir en el modo de entender el Retraso Mental, durante estos 2 siglos se expandió el conocimiento sobre el cerebro, la epilepsia y la hidrocefalia, se reconoció el papel de la herencia, y se identifico una nueva forma de Retraso Mental ,  el cretinismo.

 

Philipe Pinel (1745 -1826)  

Fue el reformador por excelencia del silo XVIII habiendo sido asignado a la dirección de Bicetre y  posteriormente a la clínica de La Salpetrie fue quien se ocupo de brindar un trato humanitario para los internados y quien ha escrito el mejor compendio de conocimientos a finales de Siglo XVIII proponiendo el Tratamiento Moral de los enfermos.

En su  Tratado de la Locura publicado en el año 1801 clasifica las enfermedades mentales en cinco grandes categorías:

  • Melancolía o delirio
  • Manía sin delirio
  • Manía con delirio
  • Demencia, o supresión de la facultad del raciocinio
  • Idiocia, o anulación de las facultades intelectuales y los afectos.

La única distinción que hacia entre demencia e idiocia  es que en esta última había una perdida tanto del intelecto como de las facultades afectivas. Pinel distinguía entre formas congénitas y adquiridas de idiocia, identificando diversos niveles del funcionamiento intelectual. Para Pinel salvo raras excepciones, ni el idiota ni el demente  eran susceptibles de educación ni tratamiento.

Decía Pinel al respecto:

“la atención humana a sus necesidades y carencias es, en general lo más que se puede pretender y hacer por estos seres infortunados…. Aunque la educación no sería aconsejable, temiendo en cuenta  la natural indolencia  y estupidez de los idiotas, si podría entregarse a ocupaciones manuales adecuadas a sus capacidades”[4]

Comprensión del Retraso Mental en el siglo XIX

Jean Etienne Dominique Esquirol (1782-1840)

El primer cambio sustancial del concepto tuvo lugar  a partir de los aportes de Jean Etienne Dominique Esquirol (1782-1840) en su libro “Enfermedades Mentales: Tratado de la locura” del año 1845 en el cual realizo una descripción detallada de los diferentes formas del retraso mental discriminando entre

  • Imbecilidad ( Educable)
  • Idiocia , quien según el autor rozarían los límites de la degradación humana sin posibilidad de educación

La imbecilidad y la idiocia entrarían dentro de la Amencia: afección cerebral crónica, diferente de la Demencia.

Aunque la  clasificación de Esquirol no era demasiado compleja aporto cierta coherencia a la terminología que se venía utilizando. En aquellos días el retraso mental se designaba con términos como: salvaje, amencia, imbecilitas, ingenui, fatuitas, morosis y demencia congénita.

Las influencias etiológicas sugeridas por Esquirol resultan reminiscencias de las ideas hipocráticas: el sol, el aire, el agua, las costumbres de vida de la madre, su carácter moral, tanto como la predisposición hereditaria,  y la localización geográfica.

Jean -Marc-Gaspar Itard (1774- 1838)

 Medico del Instituto Nacional de Sordomudos especialmente reconocido por el tratamiento impartido a Víctor  también conocido como “El Salvage de Aveyron”.  Para Itard, Víctor no era un idiota congénito sino antes bien consideraba que sus deficiencias intelectuales derivaban de la falta de experiencias sensoriales. Itard considerada que Víctor mediante un oportuno programa pedagógico demostraría un considerable desarrollo. Itard introdujo a Víctor en una gama de actividades pedagógicas minuciosamente concebidas que incluían:

 

  • Desarrollo de las funciones sensoriales
  • Desarrollo de las funciones intelectuales
  • Desarrollo de las facultades afectivas

Tratamiento pedagógico aplicado durante 5 años tras los cuales Itard decidió poner término al tratamiento.

Edouar Seguin (1812-1880)

 Una de la autoridad más versada en retraso mental de la primera mitad del siglo XIX utilizo el término Idiocia dividiéndola en cuatro grandes grupos:

  • Idiocia, que comprendía a los individuos con retraso metal moderado, grave y profundo
  • Imbecilidad, aplicable a una persona levemente retrasada con defectos graves en su desarrollo moral ( social)
  • Debilidad mental o retardo del desarrollo
  • Simpleza o retraso superficial, manifestado por un desarrollo intelectual lento

A todos los principios psicológicos pedagógicos subyace la firme convicción de que la mayoría de los idiotas y los próximos a ellos pueden ser “curados” mediante el método fisiológico para el tratamiento pedagógico del retraso mental publicado en un libro “La idiocia y su tratamiento según el método Fisiológico“ del año 1866. Método que apuntaba a la educación de la actividad, la inteligencia y la voluntad, siendo estos aspectos los tres elementos de la manifestación vital, considerando al  idiota como un ser enfermo en las manifestaciones de dicha triada.

 

“Entendemos el método educativo de los idiotas…. Como un sistema filosófico en virtud del cual puede alcanzarse la unidad del ser humano en la medida de lo posible, mediante el análisis ternario……. La educación fisiológica, que comporta un adiestramiento higiénico y moral, restablece la armonía de estas funciones en el niño, hasta tanto sea factible, haciendo abstracción de ellas por separado para restituirles su unidad práctica. Este es el principio fisiológico del método“.[5]

 

 

 

María Montessori (1870- 1952)

Fue la primera doctora italiana quien al ingresar como medico asistente a la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Roma entra en contacto con personas y niños con retraso metal. Según ella el problema no era tanto un problema médico como pedagógico y  dio en creer  que mediante un tratamiento didáctico especial el estado de estas personas podía mejorar.

Su principio pedagógico fundamental fue el concepto de espontaneidad, para ella la educación no era impartida por el maestro, sino que es un proceso natural y espontaneo recorrido por el individuo que se adquiere por las experiencias del ambiente.

Respecto del retraso mental  la segunda mitad del siglo XIX  fue de amplio crecimiento en el interés por la educación del Retraso Mental.

Se identificaron nuevas formas clínicas, mientras que las influencias etiológicas permanecieron menos visibles por el velo de la incertidumbre y las convicciones morales.

Se diferencia claramente la Enfermedad Mental del Retraso Mental. Un mayor número de profesionales médicos concibieron un activo interés por el retraso mental, al tiempo que se formaban organizaciones, se publicaban periódicos y se entablaban intercambios internacionales sobre el tema del Retraso Mental.

 

 

 

 

 

 

 

[1] Tallis, J. (2006), Consideraciones Generales sobre el retardo mental, Trastornos psicopatológicos y comportamentales en el retardo menta, Miño y Dávila SRL, Argentina

[2] Scheerenberger, R.C (1984,) Historia del Retraso mental, Editorial Siis, España.

[3] Scheerenberger, R.C (1984), Historia del Retraso mental, Editorial Siis, España.

 

[4] Pinel, P (1806), Tratado sobre la locura.

[5] Scheerenberger, R.C (1984), Historia del Retraso Mental, Editorial Siis, España.

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